Un cofre

Un cofre
Para atesorar palabras, bálsamo para el alma

Esas lindas personas con las que compartimos sueños:

martes, 18 de febrero de 2014

Alvaro Ruiz Prosa Reunida Cuentos, crónicas, artículos y reseñas




Prosa Reunida
Cuentos, crónicas, artículos y
reseñas

Poesía, bares y santidad
He visto morir de cirrosis a grandes poetas y escritores. Se empinaban sendas cañas antes del mediodía y miraban en los vidrios catedrales de las puertas batientes de los bares sombras de personas que murieron, fantasmas que atravesaban con los pies en puntillas la distancia que existe entre el inframundo y la realidad.
De inútiles furores y alegrías estos poetas pasaban a una tristeza metafísica, donde los signos leídos en la
borra de los vasos advertía de desamores aún mayores, de inminentes días ahítos de dolor, locura y miseria. La lista beoda en Chile es larga, larguísima. Son los santos de la poesía. Todos tenían una aureola violácea, el más profundo, el más elevado de los colores, la aureola, la circunferencia del vino tinto.
El notabilísimo escritor inglés Malcolm Lowry, arcángel y parroquiano frecuente de cantinas y tugurios
durante su residencia y escritura de Bajo el Volcán en México, muchas veces tambaleante de borracho al
amanecer, se encaminaba al templo de la Virgen de la Soledad, en Oaxaca, donde fervientemente rezaba a
la madre “de los que no tienen a nadie con ellos”, a “la virgen de los desamparados”, rogándole para que
hiciera real el mundo de lo imaginario.
38 Colección Tierra Elqui Sin embargo, la realidad nunca se apiadó de lo imaginario en Chile. Gran parte de sus poetas murieron de cirrosis, marginados y sin recursos de ninguna especie.
Es de mediano conocimiento que a lo largo de la historia de la literatura chilena, muchos autores han
tenido una estrecha relación, y otras veces una clara adicción, con el alcohol. En esta lista de notables
escritores bebedores se me vienen a la memoria los nombres de Pedro Antonio González, Alberto
Rojas Jiménez, Teófilo Cid, Eduardo Molina, Carlos de Rokha, Rolando Cárdenas, Martín Cerda y los
hermanos Jorge e Iván Teillier, entre otros. De las escritoras, María Luisa Bombal, Stella Díaz Varín y
Yolanda Lagos (la coneja).
Empecemos estos brindis, que he llamado de la santidad (por su calidad de mártires e iluminados),
con Pedro Antonio González (Curepto, 1863-1903), talentoso poeta que vivió en las más miserables
buhardillas santiaguinas y que solía beber en bares cercanos al Cementerio General, entre ellos y como
base de operaciones, el legendario “Quitapenas”. Se casó con una joven alumna a la cual dejaba encerrada
en el cuarto para él libremente salir de parranda, muchas veces por varios días. Obviamente ella huyó de
su lado uniéndose a un circo pobre que recorría el país.
El poeta murió en la miseria y la soledad, en una cama de caridad del Hospital San Vicente de Paul, hoy el
Hospital Clínico de la Universidad de Chile. Autor de la escatológica Oda al peo y de Ritmos, único libro que pudo ver impreso en vida y que constituye una de las primeras manifestaciones del Modernismo en Chile.

Alberto Rojas Jiménez (Valparaíso, 1900-1934) después de beber hasta las últimas consecuencias en
un boliche de la calle Esmeralda (Plaza del Corregidor Zañartu), cercano a la estación Mapocho, y sin
dinero para pagar la cuenta, deja empeñado su abrigo y su chaqueta, para salir en mangas de camisa a la
intemperie de una fría y lluviosa madrugada a fines de mayo y caminar hasta la Quinta Normal*, donde vivía
su hermana, y morir fulminantemente al día siguiente de una pulmonía. Sabido es que una vez muerto, Pablo
Neruda lo vio volando por el cielo, lo que junto con su iluminada obra es razón suficiente para incluirlo entre
las santidades poéticas de la República de Chile.
Teófilo Cid (Temuco, 1914-1964), poeta y  periodista, culto y profundo, rara avis, poeta rebelde,
baudeleriano, dandy de la miseria, fundador del grupo surrealista Mandrágora, maestro y epígono de Jorge
Teillier, a quien recuerdo narrando episodios vividos junto a Cid en el bar IL Bosco, entre ellos la alucinante
historia de cómo agarraba delicadamente con las yemas de sus dedos a voraces piojos que llevaba entre
sus ropas, a los que perdonaba llamándoles pobrecitos seres, para acto seguido reacomodarlos en la manga
interna de su camisa. Autor de Bouldroud, colección de relatos oníricos. Abandona el surrealismo y cierra filas con el creacionismo de Huidobro publicando Camino del Ñielol, poema largo de mil versos a su tierra natal.
Enrique Gómez Correa lo recuerda como master de la noche. Poco antes de morir como indigente en una cama  del Hospital José Joaquín Aguirre afirma en un poema:

“No se puede jugar con nafta sobre el fuego ni beber de
botellas que no acaban nunca”.
Poeta, mago y santo.
A Eduardo Molina Ventura (Santiago, 1913-1986) lo conocí personalmente en las maratónicas reuniones
literarias que se llevaron a cabo durante años en la Unión Chica, bar a estas alturas bastante conocido por
esas mismas hoy legendarias reuniones, generalmente capitaneadas por el poeta Jorge Teillier, y a la que
asistían regularmente los escritores y poetas Rolando Cárdenas, Enrique Valdés, Ramón Díaz Eterovic,
Carlos Olivarez, Iván Teillier, Aristóteles España, Ramón Carmona, Juan Guzmán Paredes, el pintor Germán Arestizábal y el infrascrito, también bebedor, entre otros habitantes del poblado de La Esperanza.
Como en el Club de Toby, raramente llegaban mujeres. Se bebía indiscriminadamente vino tinto y vino blanco, para que adentro peleen los gatos, sostenía Rolando Cárdenas, en evidente referencia a la marca gato negro y gato blanco de la viña San Pedro, botellas que traían en el gollete un gato plástico en esos colores.
Recuerdo perfectamente una entrevista que me concedió el “Chico” Molina y que posteriormente fue publicada en el libro Nueva York 11 (Editorial Galisnost, Stgo, 1987), antología literaria que incluía a todos los autores de esa chalupa ferozmente dionisíaca llamada Unión Chica, barcaza que navegaba a punta de zozobras contra la corriente de aquellos días sedientos y oscuros.

En esa entrevista el poeta Molina textualmente declara: “Nací en Santiago en el mes de septiembre de 1913
en casa de mi padre, Eduardo Molina Lavín, precursor de la aviación chilena. Hoy la Facultad de Química de la Universidad de Chile, en Avenida Vicuña Mackenna. Estudié Antropología, Filosofía, Derecho y
Psicología. En mi ataúd deseo un ejemplar de Monsieur Teste (Paul Valery).
En mi funeral, música de Robert Schumann. En caso de equivocación a Carlos Gardel o, por último, al
“Guatón” Gustavo Loyola.
Católico fui, hoy ateo, por la gracia de Dios. Chile es un país regio, sin embargo hay muchos
feos, con cara de puñete.
París es la gran ciudad del mundo y de París mismo lo más sobrecogedor es la morgue, las cloacas y el
matadero de “La Villette”.
Molina tenía fama de mitómano. Conocía París por mapas y por libros como nadie. Un buen día
una millonaria norteamericana sobrecogida por el conocimiento parisino de Molina y al enterarse
posteriormente de que jamás había estado en París, decidió generosamente pagarle los pasajes a la ciudad
de las luces, alojándose algunos días el poeta y mago, en las dependencias de la embajada chilena, cuando su amigo el escritor Jorge Edwards era primer secretario de la legación diplomática encabezada por el flamante embajador Neruda.
Molina siempre me dijo que yo era un lobo disfrazado de oveja, con cierta picardía y generosidad.

Que de todos los escritores y poetas chilenos el mejor era Eduardo Molina Ventura.
También recuerdo una carta que le escribió a Jorge Teillier al psiquiátrico El Peral, de la cual fui portador
y finalmente testigo al constatar junto al destinatario que el texto eran signos jeroglíficos ininteligibles.
Por lo demás y con el afán de desmitificar debo confesar que el poema atribuido a Molina en ese mismo
libro Nueva York 11, titulado Los castillos del juglar, fue enteramente escrito por Jorge Teillier, Carlos Olivarez y yo, a modo de cadáver exquisito, un mediodía de rayos de luna (whisky con jugo de manzana) en casa de Teillier, en la calle San Pascual.
Molina había fallecido el año anterior en un campamento miserable de la periferia santiaguina en estado de iluminación. El poeta Eduardo Anguita declara en su poema Única razón de la Pasión de N.S.J.C., lo siguiente a modo de coro:
…Nuestro Señor Jesucristo subió al Calvario por el Chico Molina… Mago, poeta imaginario y santo mentiroso.
Rolando Cárdenas (Punta Arenas, 1933-1990) era un poeta profundo e introspectivo, delicadamente
triste y observador, huérfano a temprana edad, autor de una obra de ricos paisajes patagónicos prácticamente
desconocida por el mundo lector. Obra reunida y publicada póstumamente por el escritor también
magallánico Ramón Díaz Eterovic.
Recuerdo un rayado que hizo y que por muchos años permaneció en uno de los muros del refugio López
Velarde de la Sech, decía: ¡Qué te importa a mí! Poeta metafísico y persona impertérrita era Cárdenas. En un poema que dedico a su memoria, en Casa de Barro, es probable que lo describa con mayor precisión:
En el lento vuelo de la avutarda En el lento vuelo de la avutarda Rolando Cárdenas murió
Todas estas plumas las robé
Nada de manantiales; sólo aguas estancadas
De canoa a canoa una señal de estrellas en el corazón
Delgada la voz como un hilo
Que cruza y cierra los ojos
El horizonte es un madero
Los vasos están trizados y el viento sopla sobre los rostros
Volveremos a los pastizales
Una ráfaga atraviesa el cielo
Como en el espejo las golondrinas
Ya nadie cantará “Corazón de escarcha”
Sus amigos también murieron y sólo queda el aire Meridional.
Rolando Cárdenas era constructor civil, de baja estatura, nariz aguileña desviada, ancha sonrisa y bebedor consuetudinario (con suéter ordinario al decir de Teillier, quien también lo llamaba Imbunche, por su parecido al adefesio mitológico chilote, y de ser una persona incapaz de hacer hasta un radié, en directa
alusión a su formación profesional y al absoluto olvido de sus estudios). Amaba a los gatos, peinaba y vestía
pulcramente, era gallo en el horóscopo chino y se presentaba a diario en la Unión Chica a beber, sorbo
a sorbo, hasta el anochecer. Siempre discutió a muerte con Enrique Valdés, que lo exasperaba hasta hincharle la vena del cuello. Murió en extrema pobreza dejando la puerta del departamento entreabierta, sabiendo por intuición y certeza, que la parca venía por él.
Poeta, mártir y santo.
A Stella Díaz Varín (La Serena, 1926-2006) la conocí como la “dipsin dopsin”, que en su particular
lenguaje significaba “evidentemente”. Todos saben que era conocida como la Colorina, por su ígnea cabellera de juventud. Bebía fundamentalmente vino blanco, era una mujer dulce y terrible, agresiva y contestataria, podía fácilmente llegar a los puños, poseía un temible golpe de derecha, el que pude ver colocado en más de un mentón. Para quienes la conocieron fue una blanca oveja disfrazada de leopardo. Buena conversadora y excelente cocinera, coqueta, aborrecía a las mujeres superfluas, especialmente aquellas que no habían aprendido ni a freír un huevo. Recuerdo que algunos años antes de morir la Municipalidad de La Serena la declaró Hija Ilustre concediéndole un diploma donde constaba el hecho, el cual más tarde terminó destruido en un tarro de basura de la calle Cordovéz y ella reclamando airadamente de que hubiese sido mejor un cheque, algo más acorde con su miserable realidad económica.
Santa, poeta y mártir.

lunes, 14 de enero de 2013

Eduardo Anguita Cuéllar


Eduardo Anguita Cuéllar

Nace en Yerbas Buenas, Linares 14 de noviembre de 1914 – y muere en Santiago 12 de agosto de 1992. Poeta de la llamada generación literaria de 1938, Premio Nacional de Literatura en 1988. Colaboró en  revistas y diarios como Ercilla, Plan, Atenea, La Nación, El Mercurio (donde se destacó por sus columnas en la sección Artes y Letras), entre otros. Además, trabajó en la empresa Zig-Zag y fue redactor creativo en distintas agencias publicitarias.
Publica su primer poemario, Tránsito al fin, en 1934. Inició su actividad creativa en un período en que se desarrollaban importantes movimientos estéticos de vanguardia, fundamentalmente el surrealismo y el creacionismo. Fue amigo y admirador de Vicente Huidobro y compartió búsquedas poéticas con Pablo Neruda y Volodia Teitelboim. Además se mantuvo vinculado muchos años al grupo Mandrágora. []
En 1993 la Editorial Universitaria creó el Premio Eduardo Anguita, para distinguir cada dos años a los poetas que no hubieran sido distinguidos con el Premio Nacional de Literatura (el primer laureado fue Jorge Teillier[5] ) y, también como otro homenaje, la colección
Se ha considerado a Anguita como un poeta metafísico por la naturaleza de los temas que trata y por la reflexión filosófica que hace con relación a ellos en su poesía. Estos temas son principalmente: la belleza, la muerte, la temporalidad del hombre y la memoria. También hay espacio en su producción para el tema religioso, ya que el poeta estuvo abiertamente relacionado con el catolicismo. Pero es un catolicismo no ortodoxo y de variadas influencias, como la concepción pagana de una realidad animada, la anulación del “yo” propia del budismo y de poetas profanos relacionados con la valoración del cuerpo y el erotismo. Es por esto último que podemos ver, en algunos de sus poemas, una relación erótica con la divinidad a la manera de los poetas místicos.  Resumiendo temáticamente su obra, se ha hablado de una poesía metafísica y erótica, ligada siempre a un carácter religioso.
Durante su vida como escritor formó dos movimientos. El primero, llamado David, donde lo que se proponía hacer era una poesía que convirtiera a la palabra en acción y producir así una conducta a partir ella, lo que se ha denominado como una especie de poesía práctica. En el Manifiesto David escribe: "Trastornarlo todo, usar las copas de champagne para lavarse los dientes. Levantarse a las dos de la mañana, acostarse al mediodía. El rojo como luto. Después: proyección de nuestra visión sobre los objetos, hasta el uso que realmente creemos y queremos" El segundo fue el decoracionismo, donde lo que tratar de hace es darle un valor auditivo, musical a las palabras. Esto es que la palabra carezca de significado y sea puro sonido. Se vincula al grupo Mandrágora, ligado al surrealismo.
Anguita se inscribe dentro de una poesía totalmente desvinculada de la mímesis, es una poesía intelectual. La función de la poesía sería un reclamo del ser, que pide ser representado dentro del cosmos y nunca se podría considerar como un mero entretenimiento del espíritu. Anguita ha dicho que para él la poesía es la visión primera que se tiene de algo y debería expresar siempre ese instante de primera vez.
Establece una diferencia radical entre el lenguaje de la poesía y el de uso cotidiano. El que usamos comúnmente estaría desarrollado en el estado de vigilia de la conciencia, mientras que el poético se produciría por el choque entre la conciencia y el subconsciente.
  • Tránsito al fin, poesía, 1934
  • Antología de la Poesía Chilena Nueva, 1935, junto con Volodia Teitelboim
  • Antología de Vicente Huidobro, 1945
  • Últimos poemas, 1948
  • Inseguridad del hombre, relatos, Antología de Vicente Huidobro, 1948
  • Anguita, cinco poemas, 1951
  • Palabras al oído de México, prosa y poesía, 1960
  • El poliedro y el mar, poesía, 1962
  • Rimbaud pecador, ensayo, 1963
  • Venus en el pudridero, poesía, 1967 (en 1980 sale una nueva edición corregida)
  • Poesía entera, antología, 1970
  • La belleza del pensar, crónicas, 1988
  • Poesía entera. Obra poética completa, Editorial Universitaria 1994, con introducción de Pedro Lastra
  • Páginas de la memoria, RIL Editores / Dibam, 2000; reúne artículos publicados en la revista Plan entre 1972 y 1973, más Voluntad y prefiguración del Paraíso, aparecido en 1953 en la revista David por la Verdad y la Vida (2ªed. RIL Editores 2002)
De Venus en el Pudridero
Yo sé: Venimos de la Palabra:
nuestro destino es regresar.
El canto creó al pájaro y no el pájaro al canto.
Entre las yemas recién húmedas
del secretísimo rododendro,
un ruiseñor está volviendo a ser canto,
todo canto y solamente canto.

Veo caer al pájaro fulminado por su canción:
corteza vana, luna transitoria,
cascara de su propia luz,
envoltura que tú, gusano, puedes roer sin que
           yo te lo impida.

Volved, volved a la Palabra.
Lo demás, si hace falta,
nos será dado por añadidura

¿A quién amé? ¿A ti en otro lugar?
¿O bien a otra mujer, pero aquí?
Aquella a quien beso aquí ahora,
si cambia el lugar, ¿es la misma
persona?
O cambia el tiempo, ¿la persona es la misma?
O cambia el tiempo, ¿es el mismo lugar?

domingo, 25 de diciembre de 2011

Pascuas. Gabriela Mistral.

Texto publicado en Lagar II
Un texto original en el que aparecen correcciones manuscritas por G.M. en las estrofas 9 y 10. Habría quedado así. Lagar II fue publicado el año 1991, edición de Bibliotecas Archivos y Museos)

El Niño es recién nacido
De tanto que era esperado
¡A buscarlo y a encontrarlo!

Nadie se quede en las casa
Porque todos son llamados,
Y hasta el ciego va buscándolo.

No es día de moler cobres
Ni de regar lo sembrado.
¡Digan, qué es lo que ha pasado!

De tantos nombre que había
Uno solo iba quedando
Nadie lo había llevado.

¿Qué ocurre en ese pesebre
Que era cosa de ganados
Para estar así agitado?

Nadie de tantos que somos,
Se lo había adivinado.
¿De eso estamos azorados?

En cada día Belén
Sabe de un recién-llegado.
Y no se pone azorado.
(¡Alguien diga qué ha pasado!)

Mujeres y niñas que
Saben todo lo arribado
No entendieron ni contaron.
Respondan, ¡labios pegados!

Yo que iba por carne y pan
Ahora me quedo embobado.
Se ve, si se ven, se ve
Un niño y una mujer
¡Y por qué ella tiene,
digan el rostro azorado!
¿Qué hago en pesebre parado?

Yo voy saliendo por pan
Pero no hago ni mandado
Ni me deja seguir ¡no!
Un Niño que me ha mirado.

La madre se lo contempla
Y yo lo quiero ver ¡ay!
-Ah, ah, mujer… ¿Quién es EL?
-El prometido y llegado.

viernes, 29 de julio de 2011

Rosamel del Valle un poeta vanguardista chileno.

Curacaví, 13 de noviembre de 1900 - †Santiago de Chile, 22 de septiembre de 1965

Publica poemas con diversos seudónimos en diferentes revistas y periódicos, en 1920, publica su primer libro, Los poemas lunados, en donde adopta su seudónimo tomado del nombre de un romance juvenil: Rosa Amelia del Valle.
En 1923 conoce al poeta Humberto Díaz Casanueva, su amigo toda la vida y con el que compartía una estética muy similar.
La escena cultural de Santiago en la que participaba con otros artistas lo lleva a fundar dos revistas de corta duración.
Trabaja como corrector de pruebas de la oficina de publicaciones de la Organización de Naciones Unidas en Nueva York. Allí conoció a Thérèse Dulac, con quien se casó en 1948.
A fines de 1962 regresó a Chile y se radicó en Santiago hasta su muerte en 1965.
Rosamel del Valle está considerado por la crítica como uno de los poetas fundamentales del periodo vanguardista en Chile, junto a Vicente Huidobro, Pablo Neruda, y Pablo de Rokha
Poesía
• Los poemas lunados, 1920
• Mirador, 1926
• País blanco y negro, 1929
• Poesía, 1939
• Orfeo, 1944
• El joven olvido, 1949
• Fuegos y ceremonias, 1952
• La visión comunicable, 1956
• El corazón escrito, 1960
• Adiós enigma tornasol, 1965 (publicación póstuma)
Prosa poética
• El sol es un pájaro cautivo en el reloj, 1963
Cuento
• Las llaves invisibles, 1946
Novelas (publicadas en forma póstuma)
• Eva y la fuga., 1970
• Elina, aroma terrestre, 1983
Ensayo
• La violencia creadora. Poesia de Humberto Diaz-Casanueva, 1959

jueves, 20 de enero de 2011

Hernán Rivera Letelier

Nació en Talca (1950). Vivió hasta los 11 años en la oficina salitrera Algorta. Al finalizar ésta, se traslada la familia a Antofogasta, donde muere su madre. Sus hermanos se van a casa de sus tías. El se quedó en Antofagasta solo, hasta los 11 años aproximadamente.
Para sobrevivir, vendió diarios. Posteriormente trabaja como mensajero en la empresa Anglo Lautaro (hoy Soquimich). A los 18 años entró a un taller electrico. Pero en su afán aventurero recorre por tres años, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Argentina. Regresó en 1973 a Antofagsata e ingresó a trabajar en la empresa Mantos Blancos. Se casó con una niña de 17 años teniendo él 24. Después partió a Pedro de Valdivia, otra oficina salitrera. Estudió en la escuela nocturna séptimo y octavo año y en Inacap obtuvo su licencia de enseñanza media.. Actualmente,(2000), vive en Antofagasta con su esposa y cuatro hijos. Ha obtenido en dos oportunidades el Premio Consejo Nacional de Libro (1994 y 1996).
EL ESCRITOR
Si bien en un principio publicó poemas y cuentos en sus libros Poemas y Pomadas y Cuentos breves y cuescos de brevas, respectivamente, es en el género novelístico donde ha obtenido rotundo éxito editorial, de crítica y de público. Sus libros están siendo traducidos a varios idiomas y también hay perspectivas de hacer cine.
Su primera novela La Reina Isabel cantaba rancheras, al igual que las posteriores, tratan sobre la vida dura, laboriosa y solitaria de las personas que trabajan en las oficinas salitreras, dándole importancia al retrato de los burdeles y prostitutas, a quienes coloca como heroína en sus textos. " Son mujeres que amo, porque si ser prostituta ya es fuerte, serlo en el desierto raya en lo heroico".
Sueña con poseer un estilo literario que sea una mezcla de" lo mágico de Rulfo, lo maravilloso de García Márquez, lo lúdico de Cortázar y la inteligencia de Borges. Nada más quiere el pampino". Estas cualidades soñadas por Rivera Letelier se asoman un poco en sus textos, especialmente lo maravilloso de García Márquez y lo lúdico de Cortázar.
Sus dos primeras novelas, un tanto morosas en su desarrollo, muestran el talento del futuro gran escritor, consolidando su estatura de tal en su libro Fatamorgana de amor con banda de música (1998), donde la pluma se ha aligerado, no abunda en digresiones y la tensión dramática es más acentuada y dinámica.
Sus héroes, como lo dijimos, siguen siendo personas de pobre pasar, con mucha adicción al alcohol, los juegos, la jarana y viviendo en una permanente pobreza. Incursiona en un género que hizo famoso a Manuel Rojas, Armando Méndez Carrasco, Gonzalez Vera, Alberto Romero, Nicomedes Guzman y otros escritores chilenos.
Ha tenido suerte porque tiene talento.
Sus primeras novelas, reiteramos, conocieron el éxito inmediato, circunstancia que se ha mantenido con las obras posteriores, al igual que los otros escritores de renombre internacional: Isabel Allende y Luis Sepúlveda.
EL HOMBRE


Fuente: Escritores.Cl (Semblanzas)
Bibliografia: [libro]
Apuntes Literarios

jueves, 16 de septiembre de 2010

Pablo Neruda "Cuando de Chile"

OH Chile, largo pétalo
de mar y vino y nieve,
ay cuándo
ay cuándo y cuándo
ay cuándo
me encontraré contigo,
enrollarás tu cinta
de espuma blanca y negra en mi cintura,
desencadenaré mi poesía
sobre tu territorio.

Hay hombres
mitad pez, mitad viento,
hay otros hombres hechos de agua.
Yo estoy hecho de tierra.
Voy por el mundo
cada vez más alegre:
cada ciudad me da una nueva vida.
El mundo está naciendo.
Pero si llueve en Lota
sobre mí cae la lluvia,
si en Lonquimay la nieve
resbala de las hojas
llega la nieve donde estoy.
Crece en mí el trigo oscuro de Cautín.
Yo tengo una araucaria en Villarrica,
tengo arena en el Norte Grande,
tengo una rosa rubia en la provincia,
y el viento que derriba
la última ola de Valparaiso
me golpea en el pecho
con un ruido quebrado
como si allí tuviera
mi corazón una ventana rota.

El mes de octubre ha llegado hace
tan poco tiempo del pasado octubre
que cuando éste llegó fue como si
me estuviera mirando el tiempo inmóvil.
Aquí es otoño. Cruzo
la estepa siberiana.
Día tras día todo es amarillo,
el árbol y la usina,
la tierra y lo que en ella el hombre nuevo crea:
hay oro y llama roja,
mañana inmensidad, nieve, pureza.

En mi país la primavera
viene de norte a sur con su fragancia.
Es como una muchacha
que por las piedras negras de Coquimbo,
por la orilla solemne de la espuma
vuela con pies desnudos
hasta los archipiélagos heridos.
No sólo territorio, primavera,
llenándome, me ofreces.
No soy un hombre solo.
Nací en el sur. De la frontera
traje las soledades y el galope
del último caudillo.
Pero el Partido me bajó del caballo
y me hice hombre, y anduve
los arenales y las cordilleras
amando y descubriendo.

Pueblo mío, verdad que en primavera
suena mi nombre en tus oídos
y tú me reconoces
como si fuera un río
que pasa por tu puerta?

Soy un río. Si escuchas
pausadamente bajo los salares
de Antofagasta, o bien
al sur, de Osorno
o hacia la cordillera, en Melipilla,
o en Temuco, en la noche
de astros mojados y laurel sonoro,
pones sobre la tierra tus oídos,
escucharás que corro
sumergido, cantando.

Octubre, oh primavera,
devuélveme a mi pueblo.
Qué haré sin ver mil hombres,
mil muchachas,
qué haré sin conducir sobre mis hombros
una parte de la esperanza?
Qué haré sin caminar con la bandera
que de mano en mano en la fila
de nuestra larga lucha
llegó a las manos mías?
Ay Patria, Patria,
ay Patria, cuándo
ay cuándo y cuándo
cuándo
me encontraré contigo?

Lejos de ti
mitad de tierra tuya y hombre tuyo
he continuado siendo,
y otra vez hoy la primavera pasa.
Pero yo con tus flores me he llenado,
con tu victoria voy sobre la frente
y en ti siguen viviendo mis raíces.

Ay cuándo
encontraré tu primavera dura,
y entre todos tus hijos
andaré por tus campos y tus calles
con mis zapatos viejos.
Ay cuándo
iré con Elías Lafferte
por toda la pampa dorada.
Ay cuándo a ti te apretaré la boca,
chilena que me esperas,
con mis labios errantes?
Ay cuándo
podré entrar en la sala del Partido
a sentarme con Pedro Fogonero,
con el que no conozco y sin embargo
es más hermano mío que mi hermano.
Ay cuándo
me sacará del sueño un trueno verde
de tu manto marino.
Ay cuándo, Patria, en las elecciones
iré de casa en casa recogiendo
la libertad temerosa
para que grite en medio de la calle.
Ay cuándo, Patria,
te casarás conmigo
con ojos verdemar y vestido de nieve
y tendremos millones de hijos nuevos
que entregarán la tierra a los hambrientos.

Ay Patria, sin harapos,
ay primavera mía,
ay cuándo
ay cuándo y cuándo
despertaré en tus brazos
empapado de mar y de rocío.
Ay cuando yo esté cerca
de ti, te tomaré de la cintura,
nadie podrá tocarte,
yo podré defenderte
cantando,
cuando
vaya contigo, cuando
vayas conmigo, cuándo
ay cuándo.